Cómo seducir a tu audiencia con una presentación efectiva que promueva la acción

¿Te gustaría dejar de formar parte del 80% de presentaciones orales que terminan sin cumplir sus objetivos? La capacidad para presentar ideas, proyectos o productos y servicios de forma efectiva e impactante es una de las competencias más transversales y demandadas por las compañías actualmente. El 84% de las profesiones necesitan hablar en público de forma habitual. Pensemos en un comercial que tiene que presentar un servicio, un profesor ante sus alumnos o un jefe de departamento que tiene el reto de motivar a su equipo, por poner solo algunos ejemplos.

La relevancia que tiene hablar bien en público queda reflejada en un informe de Adecco según el cual la capacidad de comunicación es la segunda habilidad relacional más valorada por los departamentos de recursos humanos, solo por detrás del trabajo en equipo.

Entonces, ¿por qué en España nos cuesta horrores hablar en público y conseguir conectar con la audiencia?

José Manuel Castellón, consultor asociado de Festo y profesor del curso ‘Presentaciones efectivas’, apunta a una multiplicidad de factores: el miedo al ridículo, que en la escuela no se potencia esta habilidad, la falta de preparación de la charla, que acentúa los nervios y la ansiedad, etc.

Los nervios son una reacción normal cuando nos estamos exponiendo en público: la gente se reirá de mí, no les interesará lo que voy a contar, no soy lo suficientemente bueno, me voy a quedar en blanco… Todas estas preocupaciones pueden ser el caldo de cultivo para muchos pequeños errores que nos van distanciando de nuestro objetivo al realizar la exposición en público.

La clave está en reconocer estos nervios, incluso públicamente, y superarlos. La mejor forma de hacerlo se basa en una buena preparación.

Objetivo de la presentación

¿Cuál es nuestro objetivo? Esto es lo primero que debemos aclarar. Vagar sin tener claro un aspecto tan esencial nos imposibilitará tejer una estructura que atrape y promueva la acción de la audiencia. Porque la principal razón de ser de una presentación de negocios es estimular a la audiencia para que acepte o, al menos, se interese por una propuesta, ya sea un producto o un nuevo proyecto.

Para tener claro dicho objetivo, Castellón plantea cuatro preguntas que el ponente debería hacerse antes de empezar:

  • ¿Para qué voy a hacer la presentación?
  • ¿Qué voy a exponer?
  • ¿Qué me da autoridad?
  • ¿Qué acciones espero de la audiencia?

Borrador de la presentación

Una vez claros los objetivos ya podemos preparar un primer borrador de la estructura de nuestra presentación: un titular que intrigue y atrape, un gancho que llame la atención, un avance de los temas que vamos a abordar para que nadie se pierda por el camino, una exposición de los argumentos, un resumen de los puntos clave y una llamada a la acción que apele a la audiencia.

Ya tenemos el quién, el por qué y el qué. Ahora nos queda el punto más temido para aquellos que se enfrentan por primera vez a hablar el público: el cómo.

La presentación efectiva

Has planificado tu presentación, conoces la temática que vas a abordar y estás preparado. Las voces en la sala se van silenciando. Diez, veinte o cien personas fijan tu mirada en ti. Intentas calmar la mariposa que te revolotea por el estómago. Carraspeas y empiezas a hablar. Llega la hora de la verdad.

José Manuel Castellón recomienda prestar atención a cuatro aspectos de nuestra forma de presentar para ser capaces de transmitir y lograr el compromiso emocional de la audiencia:

  1. Apariencia y carisma: en definitiva, la presentación eres tú. El lenguaje que utilices, el tono y la forma de vestir tienen que ser coherentes con el mensaje que quieras transmitir o el servicio que vayas a presentar.
  2. Conexión y confianza: implicar a tu audiencia con preguntas, repartir miradas que incluyan a todo el mundo, mostrarte cercano y empático, consciente de que los nervios que tú sientes los podría sentir cualquiera de los que está sentado enfrente de ti, y no centrar el mensaje en ti mismo ni en tu empresa, sino de las necesidades de tu público, eso te ayudará a construir el vínculo que necesitas. Apoyarte en una presentación con diapositivas puede convertirse en una buena muleta, ¡siempre que no empieces a leer!
  3. Volumen, ritmo y entonación: son tres detalles que parece que no existan cuando funcionan bien, pero que chirrían cuando fallan. Y, lo que es peor, nos alejan de la audiencia cuando es bajo, en el caso del volumen, cuando es lento, en el caso del ritmo, o cuando es monótona, en el caso de la entonación.
  4. El lenguaje no verbal: según el psicólogo alemán Albert Mehrabian, el 90% del impacto de nuestro mensaje recae sobre el lenguaje no verbal. ¿Quizás ha llegado la hora de practicar frente al espejo?

Para Castellón, una presentación efectiva es aquella que conquista el compromiso emocional de la audiencia, que promueve el cambio, que se centra en las necesidades y los beneficios para la audiencia y que deja claro cómo el asistente puede pasar a la acción.