La mejora continua, cuestión de supervivencia

La eterna batalla entre gacelas y leones por la supervivencia ofrece unas cuantas lecciones vitales que podemos aplicar tanto a nivel empresarial como personal: las gacelas son conscientes de que las más lentas de su especie serán atrapadas por las garras del león y, como las menos ágiles ya han caído en batidas anteriores, si quieren sobrevivir, tendrán que esforzarse por ser más rápidas cada día. Por su parte, el león sabe que ya ha atrapado a las gacelas más lentas. Si quiere seguir comiendo, tendrá que correr más que el día anterior.

Tanto si nos identificamos más con la gacela como si lo hacemos con el león, estos dos animales demuestran que la evolución y la adaptación al cambio son dos conceptos clave para la supervivencia personal, y también empresarial.

De hecho, más allá de la historia del león y la gacela, muchas otras fábulas, como la de la cigarra y la hormiga o la de la tortuga y la liebre, nos recomiendan que conservemos una actitud de aprendizaje constante y nos desaconsejan que nos durmamos en los laureles.   

El aprendizaje que se puede extraer de estos ejemplos es que quedarnos anclados en el pasado, satisfechos con los éxitos logrados, comporta el riesgo de perder competitividad respecto a otras personas o empresas que, pese a partir de situaciones menos favorables, han logrado evolucionar y estar abiertas a la mejora continua. Que hoy no seamos la gacela más lenta no significa que no lo vayamos a ser pronto, cuando las aún más lentas ya hayan servido de cena a los leones.

Adaptarnos al cambio, cuestión de inteligencia

Para el psicólogo Reuven Feuerstein, especializado en el desarrollo psicológico cognitivo, la inteligencia no es otra cosa que la capacidad del ser humano para adaptarse a los cambios de una situación a lo largo de la vida.

Por este motivo, tanto la formación continua como la mejora continua ponen el foco en este aprendizaje constante para adaptarnos siempre a la situación del mercado, a las innovaciones del sector o a las necesidades de los clientes. 

A modo de ejemplo, en 2017 se produjeron 3.943 casos de insolvencia empresarial en España. De hecho, todos conocemos alguna empresa que, pese a haber sido muy rentable en el pasado, ahora está atravesando serias dificultades. La razón es muy simple: el mundo, los mercados, sus clientes y los competidores han evolucionado más rápidamente.

Por lo tanto, las empresas tenemos que trabajar para ser cada día más competitivas y ofrecer a nuestros clientes un mejor producto o servicio, con una mayor calidad y un precio más ajustado. De este modo el beneficio será mayor cada día, aunque esto no nos tendría que dar argumentos para relajarnos, porque debemos pensar que otras gacelas estarán trabajando para sacar lo mejor de ellas mismas.

Si trasladamos este consejo a nivel personal, es necesario que tratemos de ser mejores cada día, tanto profesionalmente como en la vida privada. Lo que sabemos hoy es una base perfecta para seguir mejorando, pero no se puede convertir en la línea de meta, porque mañana no será suficiente.

Es necesaria una evolución incesante que nos lleve a abarcar cada día más, cada día mejor.

Ser capaces de identificar esta necesidad de mejora e incorporar nuevas competencias al servicio de nuestros objetivos es, por lo tanto, el secreto para que no nos coman nunca, ni nos quedemos nunca sin comer.

Fuente: Consultor Festo Jaume Golobardes