‘Regla de Pareto’… o el arte de jerarquizar tareas con criterio

Decía la premio Nobel Doris Lessing que el distintivo que caracteriza a las grandes personas es “tratar las bagatelas como bagatelas y los asuntos importantes, como importantes”. Esta afirmación, que puede parecer una obviedad, es en realidad uno de los grandes quebraderos de cabeza de los gestores de equipo. Porque inmediatamente surge la pregunta de rigor: “¿…y qué es lo importante?”.

En entornos empresariales, y más aún en los industriales, es frecuente que la producción se vea afectada por factores cambiantes como el éxito comercial de un determinado producto, las tendencias dominantes o los vaivenes de la economía. ¿Cómo jerarquizar tareas productivas en una empresa que produce miles de referencias? O en el caso de una empresa de servicios, ¿cómo asignar recursos humanos en un contexto de constante entrada y salida de pedidos? El ‘Principio de Pareto’, también conocido como ‘la regla 80/20’, nos brinda una respuesta.

El economista y sociólogo Vilfredo Pareto -ingeniero de formación- formuló a principios del siglo XX su famosa teoría, según la cual un 80% de los efectos son provocadas por el 20% de las causas. Este fenómeno estadístico se puede aplicar a otras muchas realidades y, de hecho, se ha convertido en una fórmula de amplio uso.

Apliquemos la regla de Pareto a la producción de una fábrica que cuenta con miles de referencias. Por ejemplo, supongamos que el 20% de las referencias generen el 80% de la facturación. O más concreto aún: que el 20% de la facturación genere el 80% del beneficio.

Pareto se convierte así en un aliado inesperado para la asignación de recursos. Se trata de un ‘patrón de comportamiento’ que nos ayuda a identificar los problemas más acuciantes para priorizar el buscarles solución. Aplicado al control de calidad, puede ocurrir que una parte relativamente pequeña de la producción (el 20% o un porcentaje similar) ocasione el 80% de las incidencias.

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Abordar las disfunciones de una empresa desde este prisma aporta un punto de vista novedoso. Si hemos diagnosticado que el 20% de nuestros productos genera el 80% de los costes productivos, podremos también comparar la rentabilidad de esos procesos productivos. Y en caso de que no exista correlación (es decir, si ese 80% no genera a su vez el 80% de los beneficios), es posible que sencillamente nos interese eliminar esas referencias de nuestro catálogo, o no (hay otras consideraciones de carácter comercial que habría que valorar), si bien esto permite focalizar el análisis.

Por supuesto, la ley de Pareto no siempre se cumple en idénticas proporciones, pero nos proporciona una metodología de enfoque original y efectiva, ya que cualquier causa que genere el 80% de consecuencias merece tenerse en cuenta, y esto es aplicable a todos los ámbitos: productividad, calidad, conflictividad, rentabilidad…

Se trata, en definitiva, de aplicar un patrón estadístico a nuestro análisis del proceso productivo. Las conclusiones pueden ser sorprendentes.